lunes, 12 de septiembre de 2011

El Ojo de San Juan

Manadero del "Ojo de San Juan"

Existe en Tarazona un manantial de aguas cristalinas y curativas, y de gran caudal, que posteriormente canalizado bajo la ciudad, por la acequia de Selcos, riega la huerta turiasonense. Está próximo a la ermita de San Juan Bautista que aprovecha una cueva excavada en la roca; la actual construcción es del siglo XVIII pero su imagen de San Juan Bautista, del s. XV, y referencias documentales nos dicen que ya existía una ermita a finales del XII. La Tarazona medieval cristianizó el lugar donde seguramente se celebrarían rituales con antiguas deidades acuáticas, muy relacionadas con el culto a San Juan en lugares similares.

Del nacedero, conocido actualmente como "Ojo de San Juan", manan aguas bicarbonatadas-sulfatadas cálcicas de mineralización intermedia: buenas para la parálisis, las hemorroides, supuraciones de todo tipo, afecciones externas bucofaringeas e incluso recomendables para sanar afecciones hepato-biliares.

Como "Fuente Santa", de la que mana siempre agua, se cuenta que en la noche de San Juan bebiendo de 5, 7 ó 9 fuentes que no se sequen nunca, se cura el bocio y con agua de 13 fuentes, el reuma. Cercanas a ésta y de las mismas características tienes una en Fitero y otra en Albeta. En la noche de San Juan era muy frecuente purificarse en ríos y fuentes para protegerse de males venideros. En Tarazona celebran esa noche con actos religiosos en la Ermita de San Juan y la tradicional hoguera acompañada de una chocolatada y de una verbena en el Parque de Pradiel.

Ermita de San Juan Bautista
El agua del Ojo de San Juan es recogida por un estanque, realizado en 1638, que se utilizó como lavadero y por el que vimos deslizarse  un majestuoso cisne negro, seguro que protagonista de alguna leyenda aún por escribir. Si tuviera que elegir un animal para protagonizar una, sería éste. Se me ocurrió pensar que quizás fuera la reencarnación de aquel Wali que, quisiendo proteger la ciudad, acabó con la vida del pobre Sebastián, pastor conocedor del origen de esta fuente cuyo secreto no quiso desvelar. La leyenda cuenta que Sebastián talló una colodra, vasija fabricada con asta de toro o madera, y que al regalársela a su amada Justina cayó al agua de la laguna de Añavieja donde se perdió. Tiempo después cambió de oficio y trabajando como hortelano en Tarazona encontró la vasija bajo una zarza al regar un campo, averiguando el origen del manantial. Llegó a oídos del Wali que Sebastian era conocedor de ello y le hizo llamar, temiendo que alguien pudiera desde tierras castellanas utilizar ese conocimiento para envenenar la fuente de la que bebía su pueblo. El pastor se negó a revelarlo y murió, ya sea por las torturas o el encierro prolongado. Debido a esto la convivencia en la ciudad de musulmanes y cristianos, hasta entonces pacífica,  se vio gravemente alterada, hasta el punto que Justina tuvo que intervenir y amenazar al Wali con revelar el secreto  si no paraba los enfrentamientos. La amenaza surtió efecto y volvió la paz a la ciudad.

Un solitario cisne negro...

Pero sigamos contando historias de este lugar ya mágico para los celtas. En tiempos de romanos, o quizás antes... bueno, el caso es que hubo una gran sequía que duró 20 años secando los campos de Tarazona y acabando con casi toda la vegetación. Sólo quedó una vid viva, justo en la boca de este manantial, con ella se pudo repoblar todo el somontano y gracias a ello ahora podemos saborear unos excelentes caldos de la Denominación de Origen Campo de Borja (esto último lo añado yo y doy fe de ello). Cuenta la tradición que ese es el motivo por el que aparece una parra en el escudo de Tarazona, aunque otros lo atribuyan a una posible fundación de Tarazona por el nieto de Noé, quien trajo la vid a esta zona , pero esa es otra historia y me estoy enrollando mucho... espero no aburrirte.

Por último, y ya más recientemente, “cuentan en Tarazona que una madre dejó a su hijo en casa solo. Bajó a lavar al lavadero de San Juan, donde el jabón se le escurría de las manos una y otra vez. Dejó de lavar y subió corriendo a su casa porque presentía que algo malo podía pasar. Encontró a su hijo abriendo un cajón donde había una pistola”.

Como ves son muchas las leyendas en un sólo lugar y seguro que hay alguna más que todavía no conozco, pero yo no dejo de pensar y pensar en aquel solitario cisne negro...

Estanque y antiguo lavadero.

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